quarta-feira, setembro 11, 2013

VINTE POR CENTO DOS MUÇULMANOS DA CATALUNHA SÃO RADICAIS

Las fuerzas de seguridad estén más alerta que nunca en Cataluña y han aumentado el control sobre los líderes religiosos, especialmente los que se enmarcan dentro del salafismo, la corriente más radical dentro del islamismo y de la que han encontrado una buena base en las cuatro provincias catalanas.
Fuentes policiales aseguran que el salafismo está afianzado en Cataluña. Imanes de esta rama del islamismo dirigen tres mezquitas de Barcelona y también la de Tarrasa, cuyo líder está imputado por incitar a la violencia contra las mujeres. Cataluña se ha convertido en un foco de atracción para estos radicales, debido a la gran presencia de inmigración árabe. Sólo en Tarragona, el salafismo controla cinco mezquitas.
Salaf es una forma de decir el nombre de Mahoma. Esta corriente tiene sus orígenes en el siglo IX, y siempre ha propugnado que el islamismo tiene que basarse en una interpretación literal del Corán. El problema es que con los años el salafismo ha derivado hacia la creencia de que no es suficiente con predicar la palabra de Mahoma, sino que se tiene que recurrir al uso de las armas, a la guerra, a la yihad islámica, que es la confrontación con el mundo occidental. En los sermones grabados, el imán de Terrassa no ha hablado de la yihad, pero sí que predica los valores puros del Corán.
Más peligrosa fue la presencia en Cataluña, en dos ocasiones, del terrorista de Toulouse, Mohamed Merah, que mantuvo en jaque al estado francés. Estuvo en un congreso salafista secreto que se celebró en Reus en 2007 y en Gerona el año pasado. ¿En Cataluña podría suceder lo mismo que en la escuela de Toulouse? Ésta es la pregunta que se hacen muchos. La Policía y expertos en islamismo creen que sí, que sería posible. En otras palabras, España está en el mismo nivel de alerta que la vecina Francia.
El paso de Atta
Los Mossos d’Esquadra han intensificado su vigilancia en las mezquitas y en cualquier zona susceptible de convertirse en un lugar de captación de adeptos. En este sentido, el escenario ideal es el barrio barcelonés del Raval, que tiene numerosas calles en las que prácticamente todos los comercios están regentados por musulmanes. Hace tiempo que los Mossos –como se ha demostrado en el episodio del imán de Terrassa– vigilan con discreción los sermones de los viernes en las mezquitas. Lo hacen agentes de paisano. Algunos de ellos son árabes.
En varias ocasiones, los Mossos se han incautado en estas mezquitas de abundante material de inspiración islamista radical. En una mezquita se hallaron revistas y cintas que difundían los siguientes mensajes: «Los atentados del 11-S de Nueva York fueron obra de una conspiración judía» y «para todo musulmán es obligatorio combatir y matar a los enemigos del islam».
La presión policial ha desarticulado numerosas células yihadistas en los últimos años, y el número de detenciones ha bajado. El terrorismo islámico parece controlado en Cataluña, pero es un peligro latente. Lo demuestran los números. En Cataluña hay unos 500.000 musulmanes y se calcula que hasta el 20 por ciento sigue los preceptos más radicales. No están únicamente en el Raval. Tienen otros importantes puntos en Tarragona y Salt (Gerona), un municipio con más población inmigrante que autóctona.
El líder de la Asociación Cultural Al-Hilal de Salt, Rachid Menda, está considerado uno de los referentes del salafismo en España. Todos estos datos convierten a Cataluña en el mayor feudo del salafismo de Europa.
Otro hecho muy significativo es que uno de los cerebros del atentado de las Torres Gemelas y uno de sus ejecutores, Mohamed Atta, estuvo un tiempo en Tarragona. A pocos kilómetros, la ciudad de Reus se ha convertido en una sede casi permanente de reuniones salafistas, que se realizan siempre en el más estricto secreto. El imán de la mezquita salafista de Reus, Tabdelhamid Aim El Hyat, fue denunciado por musulmanes moderados, que aseguraron que los coacciona y que les hace pagar un «impuesto revolucionario» al estilo de ETA. Aim el Hyat amenazó incluso con tomar las calles de la ciudad si no se retiraban las multas a unos magrebíes que habían cobrado ilegalmente unas prestaciones.
Comprensión política
No es el único imán salafista radical vigilado por las Fuerzas de Seguridad. El más mediático es Abdelwahab Houzl, de la mezquita de Lérida. Está acusado de haber impulsado una especie de «policía religiosa», que controla el «buen comportamiento» de todo musulmán. Houzl suele enviar en sus sermones mensajes de odio hacia España y Occidente. Tiene una denuncia por malos tratos y poligamia. Mohamed Mrabet Fahsi es el imán de la mezquita de Vilanova i la Geltrú (Barcelona) y estuvo siete años en prisión. Fue detenido en la «operación Chacal», que desarticuló una célula relacionada con atentados terroristas. La Audiencia Nacional le acusó de financiar a redes yihadistas y reclutar jóvenes suicidas. También se detectaron permanentes mensajes de odio hacia nuestro país. Otra investigación policial permitió descubrir que en Valls (Tarragona) existe un supuesto tribunal islámico, que habría podido condenar a muerte a una mujer, aunque este extremo nunca se ha confirmado.
En definitiva, los imanes salafistas afincados en Cataluña ocupan buena parte de un hipotético ránking de líderes los religiosos más peligrosos y vigilados de España. Y hay más problemas. Uno de ellos son las cárceles. Es un escenario perfecto para reclutar a «fieles» y la Policía lo sabe, ya que en pocos metros cuadrados se acumulan numerosos reclusos musulmanes, que al estar encarcelados son mucho más fáciles de atraer que la gente libre con trabajo.
Otro problema es una cierta aquiescencia de los ayuntamientos. Con la «corrección política» por bandera, numerosos consistorios intentan minimizar el impacto del salafismo radical. Por ejemplo, el imán de Cunit (Tarragona) agredió a una joven musulmana por considerar que no vestía «correctamente». La exalcaldesa, socialista, intercedió e impidió la detención, «para no crear mal ambiente».

Porque, para o esquerdista mais típico, a «harmonia» com o alógeno, leia-se, a adoração incondicional do alógeno, faz com que se possa passar por cima doutros direitos e alegadas conquistas da Esquerda, tais como o respeito pelas liberdades dos indivíduos, a libertação da mulher, etc.... Imagine-se o que não seria uma coisa destas mas cometida por um «nazi», por exemplo... um líder nacionalista agredia uma jovem branca por considerar que ela estava vestida demasiado provocatoriamente... quantos Carmos e Trindades não cairiam, e aqui d'el que fulano tal está a desrespeitar a liberdade da moça em nome de uma doutrina impositiva, intolerante e totalitária...